
Después de una noche mágica, quins golarros....a el todo poderoso Mánchester, he leido un árticulo de Emilio Pérez de Rozas en el Periodico que me ha parecido estupendo, lo dejo a continuación,
¿Es saludable tanta felicidad?'
Estamos en pie. Aún llevamos la camiseta puesta. Aún lucimos pintalabios azulgrana en nuestras mejillas. Afónicos, no podemos gritar, así que escribimos.Nuestras manos son azulgranas. Más grana de sangre que azul celestial. De tanto ovacionaros, de tanto agradecimiento.
Si es cierto, como es, que os gusta más que os den las gracias que os felicitemos: gracias, muchas gracias por todo.
Por hacernos tan felices durante tanto tiempo. Por ser como sois, todos. Por dejaros abducir, gobernar, llevar por Guardiola.
Por jugar como jugáis durante tanto tiempo como jugáis. Por lograr que los partidos duren 90 minutos de verdad. Por coger el balón y no soltarlo, por atacar hasta que alguien, en el otro lado de campo, grita: "¡Nos rendimos!". Por no rendiros vosotros.
Por viajar a Madrid y ganar 2-6. Por viajar a Valencia y vencer 1-4. Por viajar a Roma y triunfar 2-0. Gracias por convertir el fútbol en mucho más que una religión, en un salvavidas, en nuestra píldora del día antes y del día después.
Gracias por saber que os necesitábamos más que nunca. Gracias por daros cuenta de que tal vez vosotros, tan jóvenes y rebosantes, tendréis otra oportunidad, pero no los sesentones como nosotros. Para nosotros este tren solo pasa una vez en la vida y lo hemos cogido saltando, volando.
Gracias por prestarnos vuestras virtudes para saltar el muro del triplete, sostenidos por las manos de Valdés, aupados en los hombros de Puyol, asentados en las piernas de Piqué, duros como el torso de Touré, risueños como Sylvinho, a la señal de Xavi, al guiño de Iniesta, a la voz de Busquets, al cabezazo a lo César del pequeño Messi, motivados por el golazo de Etoo, eufóricos como Henry. Y todo, a 325 km/h.
Habrá otra victoria como esta, pero no otro año como este. Me bajo de este tren. Aquí os espero, en el andén de la felicidad, para sonrojo de mis manos. Os quiero, que lo sepáis, y no me importa reconocerlo. La familia te llega con el parto; tus ídolos, tus dioses, los escoges tú. Y vosotros sois mi altar. No apagaré estas velas.
Emilio Perez de Rozas
Besos, Fatima-Ana




