
........nos comunicábamos sólo por señas. Me indicó que me lavase la cara. Obedecí y ya estaba a punto de secármela cuando él me detuvo con un gesto: no debía secarme la cara yo, debía hacerlo el sol. Comprendí que se trataba de un ritual y me quedé allí de pie, esperando pacientemente.La salida del sol en el desierto siempre es un espectáculo luminoso, por momentos místicos, en el cual el mundo, ese mismo mundo que nos ha abandonado por la tarde y ha desaparecido durante la noche de repente regresa. Regresan el cielo, la tierra y la gente. Todo eso vuelve a ser y a estar volvemos a verlo todo. Si por los alrededores hay un oasis lo veremos, si hay un pozo, también veremos el pozo. En ese momento sobrecogedor los musulmanes se hincan de rodillas y dicen su primera plegaria del día, el salad-assubh. Y su arrobamiento se contagia también a los infieles, todos viven de la misma manera el regreso del sol al mundo, tal vez sea el único acto auténticamente real y sincero de hermanamiento ecuménico.

1 comentario:
Precioso relato de los Viajes de Heródoto (Kapuscinski)
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